El estrés por los seis títulos envejece a Pep

Los éxitos en el fútbol envejecen a los entrenadores. Seguramente más los fracasos, pero el triunfo no exime del estrés y en la cara de Pep Guardiola está la prueba. El que despidió agosto de 2008 perdiendo su primer partido de Liga en Soria (1-0) tenía un aspecto casi juvenil comparado con el que regresó de Abu Dhabi con el sexto título el pasado día 22: han pasado sólo 16 meses…

Sus lágrimas tras el apuradísimo triunfo ante Estudiantes fueron una explosión de júbilo y una liberación de tantísima tensión acumulada. Pelo en la cabeza nunca tuvo Pep con generosidad, pero la comparación de una y otra fotografía no deja lugar a dudas: parece otro y no las separa ni año y medio.

¿Si el desgaste físico está influyendo poderosamente en su tardanza en prorrogar su contrato azulgrana? Pues seguro que sí. No decisivamente, pero es cierto que muchos allegados le hacen ver que sería oportuno, y muy saludable por su parte, dejar el banquillo, no ya el fútbol. Y dedicarse a otras labores de menos riesgo. Esta misma semana les hablábamos de la posibilidad de que se convierta en director deportivo azulgrana y siente en el potro de la tortura que es el banquillo a su ahora ayudante, Tito Vilanova.

Porque conociendo a Guardiola, un obsesivo en lo futbolístico, los seis títulos no son más que un punto seguido para él: si continúa como entrenador, en su fuero interno está repetir el éxito. El técnico del Barça, como tantos otros que hacen de su profesión su vida, no entiende su tarea de otra manera: cada partido es para él el más importante. Tampoco le importa lo evidente: en el mejor de los casos sólo podrá igualar lo conseguido este 2009.

El regreso. Un detalle lo explica bien: ha dado vacaciones a Messi hasta el día 2 de enero, lo que le aparta del partido con el Villarreal. Lo califica de “importantísimo” pero prefiere que su estrella descanse para lo que va a venir. Y tampoco parece que vaya a jugar ese partido el lesionado Iniesta. Con ambos sufriría menos, pero piensa que reservarlos es lo mejor… aunque su cara lo acuse. Guardiola no se protege.

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