El Madrid sucumbe a la bravura de San Mamés y San Gorka

La bravura de San Mamés fue la tumba del Madrid, que se marchó a la lona en el primer (y esperado) arreón del Athletic y no fue capaz de traspasar después el enorme corazón de su oponente ni a un colosal Iraizoz. El equipo de Pellegrini mandó, asedió en muchos momentos, pero no encontró el gol. Ya le pasó en Pamplona con Higuaín y esta vez sin él. Puede salirle caro.

Ha visto mil veces este partido el Madrid en San Mamés y, sin embargo, no se acostumbra a la angustiosa atmósfera que le propone el Athletic: un partido macho, embravecido por el público y pleno de sobreexcitación. Todo muy del gusto de este estadio y de Caparrós, que por ahí comenzaron su punto de encuentro. Y en aquel alboroto suele arrugarse el Madrid, pese a los cinco triunfos consecutivos que le precedían en La Catedral. Esta vez se ablandó al primer rugido. En el minuto 1 Gurpegi y Toquero ya habían topado con los palos de Casillas y en el 2 ya ganaba el equipo de Caparrós. Yeste botó un córner desde la izquierda, Lass peinó fatídica e involuntariamente al corazón del área y Llorente bombardeó con su eficacia habitual.

Así, poniendo la testosterona por encima de todo lo demás, el equipo rojiblanco puso el partido exactamente donde le convenía. Amparado en su trivote Gupergi-Orbaiz-Javi Martínez y en una zaga que no hace prisioneros contuvo al Madrid. A ratos con inteligencia. A ratos defendiendo al límite de la ley. A ratos sufriendo lo indecible. Porque aquel aturdido Madrid, al que este fútbol de percusión se le hace especialmente antipático, fue recobrando el sentido, que no el fútbol, remolcado por el carácter de Cristiano Ronaldo, al que definitivamente le va esta jarana. En caliente cocina mejor su juego.

Alguna ayuda encontró el portugués. Primero de Benzema, menos efervescente y enérgico que Higuaín pero también con buenos colmillos. El francés probó a Iraizoz a la media vuelta, desde lejos y en carrera. Le sacó las dos primeras el meta rojiblanco, quien tuvo al palo de su parte en la tercera. También metió una mano sobre la línea en un remate llovido de Cristiano desde muy cerca. Y le probaron de lejos por los dos palos Marcelo y Xabi Alonso. El partido, al borde del descanso, había quedado en eso, en un tiroteo sin puntería del Madrid, que incluso en el juego áereo dominaba en las dos áreas.

En aquel impulso apenas colaboró Kaká, al que aún se espera, pero resultaron decisivos Xabi Alonso y Lass, casi siempre por encima de los centrocampistas del Athletic, entregado ya definitivamente a una ocurrencia, por arriba o por abajo de Fernando Llorente, y al andamio moral de San Mamés.

El ambiente volvió menos cargado tras el descanso, pero tampoco eso ayudó al Madrid, aún más impreciso frente a aquel disciplinado ejército rojiblanco, solidario en las ayudas y sin equivocaciones. Aunque también sin salida, más allá de una obra de arte de Llorente, que pisó dos veces el balón en el área blanca para limpiarse de marcadores, que acabaron echándosele encima.

Pasaron los minutos y el cuadro de Pellegrini no apretaba a Iraizoz como en la primera mitad. No le exigió nada durante un cuarto de hora hasta que volvió a aparecer Cristiano, que llegó lanzado ante el meta, al que quiso traspasar con su descolocado y potente pelotazo.

El técnico chileno metió entonces a Guti por Marcelo y Granero por Lass, por probar si la maña daba mejor resultado que la fuerza. Y ahí sufrió más el Ahtletic, porque Kaká se sumó al frente y estuvo dos veces al borde del gol. Caparrós respondió con transfusiones a su centro del campo, buscando en la velocidad de Susaeta y David López una vía de escape a la presión blanca, que iba y venía, casi siempre sin pasar por Benzema, en caída libre según se acercaba el final hasta el punto de que Pellegrini acabó cambiándole por Raúl. Y el asalto final lo repelió Iraizoz con otras dos más providenciales. Él puso las manos y San Mamés el espíritu. Al Madrid se le empina la Liga.

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