Falcón permite al Celta mirar hacia arriba

El grupo de Eusebio logra su tercera victoria consecutiva y duerme como décimoprimero .

El Celta logró en el día de ayer mantener su racha de victorias que ya suman tres consecutivas. Tercera victoria lograda en un campo “maldito” ya que los Vigueses no habían ganado en el Teresa Rivero en ninguna de sus úlitmas seis visitas. Con este trabajado triunfo, los celestes se sitúan en un nuevo plano de competición que le permite afrontar con una hasta desconocido sosiego el tramo final de un torneo que aún está por escribir y en el que soñar. pese a todo, no cuesta. Porque, a falta de buen juego en el segundo tiempo, el Celta tuvo pegada y nunca perdió la fe de poder ganar.

Eusebio cumplió con lo previsto y obvió de nuevo a Iago Aspas para dejar espacio a los refuerzos invernales, Cellerino y Papadopoulos, que repitieron disposición sobre el tapete, esto es el argentino en punta y el griego arrumbado a la banda izquierda. El asistente de las últimas, Abalo, se situó en el flanco derecho y Falcón y Roberto Lago, como se suponía, recuperaron mando en plaza tras cumplir sanción.

Y las cosas fueron a pedir de boca para el Celta, que entró en tromba en el partido, robó en tres cuartos de cancha e hincó el diente en la yugular al Rayo a la primera de cambio. Abalo asistió tras quebrar a su par a Cellerino en el cogollo del área y el argentino, sin dejarla caer, la alojó sutilmente en el fondo de la red.

Apenas si había echado a rodar el balón y el Celta se encontraba en el escenario de partido soñado, por encima en el marcador y con su deprimido adversario tocado en línea de flotación. Bastaba con no cometer errores graves y gestionar con inteligencia la ansiedad del contrario hasta que la presión ambiental y los nervios abriesen definitivamente el melón. De modo que el Celta entregó la iniciativa al contrario y presionó con intensidad aguardando una nueva oportunidad en un zarpazo a la contra.

El Rayo tuvo la pelota pero fue el Celta que el gobernó el partido. O al menos limitó los daños sin correr excesivos apuros. A los locales sin embargo se les anuló correctamente un gol por fuera de juego y rondaron el empate con un buen disparo de Rubén Castro tras una jugada de estrategia que Falcón frustró con una mano providencial.

Los celestes rondaron poco antes el segundo con un remate de cabeza a la salida de un córner bien dirigido por Catalá que se perdió por encima de la portería vallecana y nunca dieron la impresión de sufrir, en gran medida, gracias al eficiente trabajo de Jonathan Vila y López Garai en el medio campo. Apenas si tuvo el Celta algún agobio al final del primer tiempo cuando el Rayo Vallecano sometió a un intenso bombardeo el área del Falcón. Pero la defensa celeste, solidaria, desactivó todo conato de peligro.
Felipe Miñambres reaccionó tras el descanso dando entrada a Aganzo por Michel. La decisión fue providencial porque el Celta salió dormido al campo y pagó su falta de tensión con el empate. Lo marcó, como no, Aganzo, que encaró en solitario a Falcón tras una gran asistencia de Rubén Castro y batió al portero con un disparo raso y ajustado al palo.

El Celta acusó el golpe, replegó velas y tuvo verdaderos quebraderos de cabeza para detener a su adversario que sacó a relucir la rabia acumulada y pudo voltear el partido en once minutos de no haber mediado Falcón. Porque la refriega fue constante en el área celeste y en una de las acometidas del Rayo Rubén Castro dejó atrás a Noguerol y Catalá tuvo que derribarlo. Miranda Torres, muy encima de la jugada, señaló sin pensárselo el punto fadítico. Claro que no contaba con Falcón, un tipo de estado de gracia, detuviese con una formidable estirada la pena máxima. Tres penaltis ha detenido ya el gaditano este curso.

Pero para entonces el Rayo estaba lanzado gracias a Rubén Castro, un puñal por la banda derecha, que generó una verdadera fuente de problemas a la zaga celeste. Poco antes del penalti, Eusebio había retirado a Cellerino para dar entrada a Danilo. Con la marcha del argentino, Papadopoulos recuperó su posición natural de nueve aunque el Celta apenas lo notó porque había desaparecido del mapa y el partido era ya completamente del Rayo.

La posterior entrada de Botelho obligó a desplazar a Danilo a la banda derecha y la carambola resultó clave para los intereses del Celta porque el brasileño se encontró con un inesperado regalo del portero del Rayo que no desaprovechó.
El segundo tanto del Celta no desactivó al Rayo, que buscó con avidez el empate y obligó a emplearse a fondo a Falcón en un par de ocasiones. Sin embargo las embestidas del equipo madrileño fueron perdiendo intensidad. Eusebio aprovechó entonces para blindar el partido con Cristian Bustos, que suplió a un fatigado Abalo en la recta final del choque. Y le fue bien porque el ímpetu del Rayo decayó y los celestes recurrieron sin rubor al pelotazo para administrar una tan jugosa como insospechada renta que los sitúa en un escenario clasificatorio sumamente favorable para atacar una recta final de competición en la que nada puede darse aún por sentado.

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