Donde priman los intereses

Tradicionalmente, el fútbol se ha caracterizado por ser un deporte de los aficionados, y digo de los aficionados porque son ellos los que constituyen la esencia de los clubes de fútbol, donde representan unos colores, una historia, un escudo. Ahora esto ha cambiado, y sólo hace falta echarle un vistazo a lo que sucede en nuestro país: desde la implantación en 1992 de las SAD (Sociedades Anónimas Deportivas) en los clubes de fútbol, estos han pasado a convertirse en un negocio para sus dirigentes, donde anteponen sus intereses básicamente económicos a los deseos de los propios seguidores. Esta irresponsabilidad por parte de los máximos dirigentes perjudica de lleno a los apasionados al fútbol, donde ven que sus clubes son manejados como si fuesen marionetas sin que ellos puedan hacer nada para evitarlo, debido a que el control de la sociedad lo lleva quien más capital económico aporta.

En nuestro país no hablamos solamente de casos puntuales, sino que ya son varios clubes los que han sufrido las consecuencias de la conversión en SAD. Constituirse como una SAD conlleva fijar un capital social mínimo en función de los gastos realizados, lo que otorga una excesiva restricción hacia el control del club. Así fueron los casos más recientes del Lugo y del Mirandés, que con una economía saneada y situados en la Liga Adelante, se les obligó a asignar un capital mínimo, porque, de lo contrario, no serían inscritos en la competición. Finalmente, cumplieron con las premisas y continúan un año más en la categoría de plata del fútbol español. El Guadalajara no tuvo la misma suerte, puesto que partidos antes de que finalizara la competición el año pasado, fue excluido del campeonato al detectarse irregularidades en la conversión en SAD, dejando así una plaza menos de descenso a la Segunda División “B”. Este descenso provocó conflictos administrativos y judiciales, a lo que se le sumó la vía social, donde los aficionados guadalajareños convocaron manifestaciones para mostrar su descontento y rechazo hacia la decisión tomada por la LFP (Liga de Fútbol Profesional). Un acontecimiento similar fue el que afectó al Oviedo el verano pasado, que necesitaba realizar una ampliación de capital violenta para continuar con la supervivencia del club. La respuesta de los aficionados no defraudó, y el club ovetense sigue un año más en la categoría de bronce, luchando por meterse en los play-offs de ascenso a la Liga Adelante.

Pero establecerse como una sociedad anónima deportiva no solo repercute en el capital fijado, sino también en el grado de responsabilidad por parte de los dirigentes. Muchos son ya los clubes que han sido dejados caer en el olvido gracias a la imprudencia de algunos de sus directivos. Esta imprudencia se ha visto reflejada en arruinar a los clubes, e incluso, provocar su disolución y posterior desaparición del campeonato. Uno de los casos más recientes y controvertidos es el que rodea al Racing de Santander, que actualmente se encuentra en el grupo 1 de la Segunda “B” cuando hace justo dos años se encontraba en la Liga BBVA. Hoy en día, la situación es límite: además del enfrentamiento constante entre directivos y aficionados, se le adeudan 5 meses al cuerpo técnico y jugadores, lo que provocó que en el partido de vuelta de los octavos de final de la Copa S.M. del Rey, decidieran saltar al terreno de juego unos segundos únicamente para permanecer inmóviles en el semicírculo del terreno de juego, hasta que solicitaron al árbitro que diera el partido por finalizado. Unos días después de esta protesta, el consejo del Racing dimitió, por lo que el objetivo de jugadores y aficionados se alcanzó. Otro caso parejo al del conjunto cántabro, es el que afecta al Club Deportivo Castellón. Tras un par de años luchando por subir a la máxima categoría, sufrió dos descensos consecutivos que le llevaron a la Tercera División (la cuarta categoría del fútbol español). El primero de ellos se llevó a cabo por una confección nefasta de la plantilla que desencadenó la desbandada de jugadores importantes, acabando colista de la Liga Adelante. Tras caer al pozo de la Segunda División “B”, llegaron los impagos por parte de Castellnou 2005 SL, causando el descenso administrativo a la Tercera División. Ahora, en su tercer año en esta mísera categoría y titubeando con la posible disolución del club, se encuentra en puestos de descenso a Regional Preferente, dejando entrever que se encuentra en el momento más crítico de sus 92 años de historia.

Sin embargo, hubo clubes que cruzaron la línea roja, haciendo la desaparición de la entidad una realidad. Clubes históricos y que eran un clásico en el fútbol español como el Poli Ejido, Salamanca, Palencia o Lorca vieron como ya no volverían a competir en el fútbol por la irresponsabilidad de sus presidentes sin escrúpulos, que anteponían sus intereses al de los propios aficionados. Otro camino siguieron otros clubes que optaron por seguir compitiendo pese a que tenían que modificar el nombre de sus predecesores. Hay clubes que les funcionó a las mil maravillas, ya que se encuentran en una situación envidiable como son los casos del Málaga, Granada y Almería, gozando en la máxima categoría del fútbol español. Otros clubes como Burgos, Badajoz, Logroñés o Xerez no tuvieron la misma suerte, puesto que además de los conflictos entre sus propios aficionados por la diversidad de opinión al crear un club refundado, se sitúan en el pozo de la Segunda “B” y Tercera División.

1 Comentario

  1. Sainz

    03/02/2014 a las 0:05

    Buen artículo Alejandro. El fútbol negocio está llevando a muchos equipos a la ruina. Más aún cuando los dirigentes son unos chorizos, como está pasando actualmente en muchos equipos.

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