The Special Unai

Si por algo se distingue Unai Emery del resto de mortales es por su esencia especial. Un maestro de la retórica, de la antítesis y de la onomatopeya que toma una rueda de prensa como escenario. Dice lo que sabe, pero pocas veces sabe lo que dice cuando se enreda entre sus palabras -tecnicismos propios de un inventor de balompié-, sus palmas en el intento de dirigir el tráfico desde la banda, y el terror que siembra entre las nenas soviéticas.

Un tipo tan singular y de esta índole siempre guarda bajo la manga un viejo truco, por aquello de no quedarse en blanco en plena actuación. Como buen mentor y gran controlador de públicos minuciosos, “busca dónde rascar, pa’ encontrar”.

Hablemos sin ‘unaísmos’, es decir, seriamente. Emery se configura en muchos sitios como Unai de Nazaret, resucitador de muertos. Y no es así, más bien al contrario. Remontadas inverosímiles en contra, descontroles internos y palos de ciego en su alarde de visionario. Y todo esto con una pizca de suerte, la que le hace subir escalones sin siquiera doblar la rodilla.

Empezando por el principio, Unai Emery es el rey de las derrotas imposibles. Hasta 68 veces le han vencido al vasco tras haber estado venciendo en los tres equipos españoles y el ruso que ha dirigido. Una cifra de escalofrío en el momento en el que uno recuerda cómo fueron cada una de las remontadas. Acomodado en el Coliseum, acabó perdiendo el Almería (de 0-2 a 4-2); con una eliminatoria resuelta en El Madrigal, terminó por dejar sin Copa al Valencia (de 0-2 a 4-2); goleando en el Benito Villamarín, se le cayeron los anillos al Sevilla (de 0-3 a 3-3). Y estas son las que dejan con menos aliento, pero los 30 puntos que hace poco separaban a los grandes de ese ‘magnífico tercero’, se hubiesen reducido a la decena sin contar con sólo la mitad de los partidos en los que Unai se dejó remontar. O en los que le dejaron en ridículo, si queremos cerrar más el abanico. Y se preguntaban qué querían en Valencia…

Especial por estas cifras, y exclusivo a la hora de mover el banquillo. Él, y sólo él, es capaz de mover a medio once para incrustar a un futbolista en el campo con la esperanza de que le salve el pescuezo. Y es que los vestuarios gestionados por este especial especialista son, han sido, y mucho tiene que evolucionar para que no sigan siendo una fiesta. Desde que Miguel Brito capitaneara al Valencia en el Camp Nou, dichosos han sido los ojos que han visto a Unai de macho dominante.

Además de ser un gran remontado y poco menos que ninguneado –al menos por el Este- presume de ser un visionario, pero en realidad acierta a darle a la piñata. ‘Mentalidad ganadora’ se llama su libro, en el que él mismo se idolatra y admira su capacidad de “detección de talento”. Uno que se le cayó por el camino fue Isco. Que estaba gordo, decía. Textualmente “que tenía tendencia a engordar”. Y, oye, tampoco es cuestión de quitarle la razón, pero ese chaval valía mucho como para dejarlo volar tan fácil de Mestalla. Así es, Francisco Alarcón fue a Málaga por Unai. Otro ejemplo, salvando ciertas distancias –que no demasiadas-, es el caso de Jordi Alba. Hay propensión a cavilar en su favor, pero que el catalán explotara fue gracias a Piatti, que por aquel entonces en Almería, se comió a Lillo, canterano valencianista, en un momento crudo para los laterales de la plantilla. Tuvo que cambiarlo por un extremo muerto de risa en el banquillo. ¿Que arriesgó? No, si Jordi Alba no hubiese jugado entonces, ya tardaba su representante en colocarlo. Unai descubrió a Alba como Colón América, sin querer. Al menos Moyà siempre podrá contar que emuló a Xavi en Old Trafford… Eso que le queda.

En definitiva, Unai Emery no es el triunfador, capaz de exprimir al máximo el talento del equipo que toma, que algún centro de opinión le ha apoderado. Bombea sangre a ratos, el resto del tiempo lo dedica a “seguir creciendo”. Y sí, Unai crece a pasos de pulgarcito y de pronto decrece a agigantados. Poco menos que un desastre de estratega balompédico y un maestro de la risa. La realidad supera a la ficción cuando Unai discute con Emery.

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