24 años de ultratumba

La leyenda cuenta que un día existió Argentina. Desde México 86 que no vuelve a aparecer en un Mundial el espectro de aquella albiceleste campeona. 24 años ha habido de pasar para que el fantasma retorne y lo haga para que se cumpla su profecía.

Son 24 años tras la misma final. Cuando todos los caminos llevaron a Roma aquella Alemania Federal se adjuntó su tercer campeonato al escudo ante los ya bicampeones del mundo, que ilusionaron alzar la dorada dos veces consecutivas. Cuatro veranos antes, en una final idéntica, fueron los argentinos quien cosieron su segunda estrella en el pecho. Un partido épico, recordado por cualquier loco del fútbol como una contienda mágica. Aquella fue la última vez, aquel es el recuerdo que hoy reflejan las retinas de los actuales… Aquella forma de empezar a escribir la historia de José Luís Brown, aquel tanto de Valdano, aquella amarga remontada teutona y aquella dulce épica de Burruchaga.

Es tiempo de recordar, de hacer memoria, de guardar más fotos en el baúl. Quizás no sea la favorita, pero en las venas argentinas corre sangre de campeón.

Burruchaga_final_1986

 

El paso de los de Sabella por el Mundial de Brasil ha sido más que discreto. Una fase de grupos sencilla, sin complicaciones aparentes y con alguna que otra cruda realidad. El primer encuentro ante Bosnia sirvió a la mesa la verdad albiceleste: la mediocridad es el primer plato, el segundo se llama Messi. Cierto es que la pulga no está batiendo, ni mucho menos, récords en esta Copa del Mundo, pero la estrella del Barça es Dios para Argentina. Todo pasa por él, no sólo la pelota, sino también la confianza de cada uno de sus compañeros, el hecho de tenerlo en la cancha, lo que ocurre al sentirlo a tu lado.

Irán dio más complicaciones de las debidas, pero fueron solventadas por Él en el último minuto. De no ser por ese tardío gol, quizás las sensaciones de cara al encuentro que cerraba la fase hubiesen sido bien distintas.

Nigeria sí dio un baño de realidad a los americanos, pero también fue bañada –Nigeria y el mundo entero- en la realidad de que la tercera estrella de Argentina era Messi y que, en todo caso, él sería quien para coserla.

Unos octavos muy cuesta arriba que Di María trató de calmar en la prórroga ante Suiza. Unos cuartos con gol tempranero de Higuaín y con aburrimiento –primero- y sufrimiento –al final-. Las semifinales que depararon una tanda que dejó claro que si la ‘albi’ llega a unas semifinales, es para plantarse en Maracanà.

No son, ni mucho menos, los mejores. No merecen, tampoco, levantar la Copa del Mundo en defecto de Alemania. Pero la ilusión, que muchas veces es lo que cuenta (que se lo cuenten al propio Burruchaga), la tiene por las nubes.

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