Nada nuevo en el Mediterráneo

FOTO: Ángle Gutiérrez | ATM

La misma cantinela de siempre. A balón parado, desde la esquina y con los mismos intérpretes. Koke la acaricia y Miranda la empotra. Ese es el ‘modus operandi’ del Atlético esta temporada y ese, de nuevo, ha sido el de esta tarde en Almería.

Con aires de cambio. Así echaba el Atlético de Madrid a correr en el Estadio de Los Juegos del Mediterráneo. Sin Gabi en el círculo central y con Raúl García como máxima referencia en la ofensiva. Raúl Jiménez, llamado a la titularidad tras la momentánea lesión de Mandzukic, lamió la amargura del banco en una situación en la que el mejicano debería ser una pieza clave como revulsivo. El Almería, tras su buena comparecencia en Anoeta, buscaba un triunfo que alzara las pretensiones de Francisco a la categoría de sueños.

Arranque espeso con un lúcido Rubén

El campeón comenzó frenando por momentos. Los del ‘Cholo’ comenzaban el partido con más revoluciones de las habituales, dejando huecos atrás y brindando oportunidades cristalinas de contraataque que los almerienses no supieron aprovechar. Si, la sensación más inmediata era que el Atlético era el dueño absoluto de las ocasiones y que el dominio del juego residía en botas colchoneras, pero los destellos de la delantera andaluza en ciertas ocasiones demasiado intermitentes invitaban al Juegos del Mediterráneo a alzar los brazos y a Francisco a desgañitarse en la banda.

Godín fue el primero en probar el dulce momento del guardameta del Almería. El cabezazo casi impecable del uruguayo lo repelió Rubén en una acción de reflejos de mucho mérito. Todo tras ver antes a Griezmann achuchar en su área también con un testarazo.

Ante los atascos, disparos desde fuera. Esa era la orden y así la ejecutó Tiago. El cerrojo seguía echado en los tres palos rojiblancos con un Rubén providencial. Los espacios en las espaldas de la zaga visitante abrían carriles para Jonathan y Welligton Silva, pero no dejaban de desahogar a Raúl García, que también quiso poner cara de susto a la seriedad de Rubén Martínez.

Para variar, a balón parado

¿Cuántas veces más lo veremos esta temporada? La estrategia de Simeone es, sin duda, efectiva. En la llegada desde segunda línea, al palo lejano, balón a la olla… De todos los colores. Esta vez, como ante los ojos de Iker Casillas, fue en el primer palo. Hasta tres hombres vestidos de rojo y blanco trataron de sostener a Miranda sumergido en el área pequeña, pero la potencia del brasileño y la melodía que sonaba a clásico del balón de Koke hicieron terminar el cuero en la red. Lo dicho, todo un clásico en el inicio atlético de la campaña.

Tras el tanto, los de Francisco parecían haber entrado en estado de ‘shock’. Verza quiso emular la fórmula goleadora del campeón y, aunque no con la cabeza, el balón parado pudo costarle dos puntos al Atlético. El lanzamiento directo desde la frontal pasó a muy poco de la manopla de Moyá.

Eso sí, el segundo ya provocaba susurros en las gradas del Juegos del Mediterráneo. En esta ocasión fue Cerci, con el verde recién pisado, y en una jugada individualista que ya deja rastro del color que el italiano va a aportar al engranaje colchonero.

Terminaba de esta forma tan familiar el partido para el camepeón de Liga. No a través de la ley del mínimo esfuerzo, pero sí con el toque opaco de siempre, con la desesperación total del rival y con la sensación de un trabajo bien hecho pero mejorable.

 FOTO: Ángel Gutiérrez | ATM

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