Rozando la gloria absoluta

A lo largo de la historia, en el fútbol como en cualquier otro deporte, o como en la vida misma, no siempre ganan los mejores, o los que más lo merecen por esfuerzo y entrega. Muchos son los equipos que hemos visto pasar a lo largo de la historia que nos han deleitado practicando buen fútbol, agradable para la vista del espectador y que, sin embargo, han dejado escapar la oportunidad de alcanzar el mayor éxito de su palmarés en su mejor época; futbolistas que han rozado la gloria con la yema de los dedos y la han dejado escapar, en ocasiones, a falta de escasos segundos. Equipos, jugadores y entrenadores que han conseguido muchos de sus objetivos, e incluso, han ganado más de un título, pero que nunca llegaron a conseguir su más ansiada recompensa. Desde principios de este siglo, encontramos cinco equipos españoles con los que la diosa fortuna se encarnizó:

El primer ejemplo lo encontramos en el Valencia de Héctor Cúper, un conjunto que llegó a perder dos finales de la Uefa Champions League consecutivas. La conquista de este título hubiera supuesto un acontecimiento único e histórico en la capital del Turia, pero se desperdiciaron ambas oportunidades que, con cuantiosa dificultad volverán a repetirse en la capital del Turia. Con Cúper en el banquillo, el club che logró una Supercopa de España que permitió al técnico argentino no marcharse de vacío al abandonar el club, pero que jamás podría igualar a la sensación única de proclamarse campeón de Europa. En la primera de estas finales, el Valencia tenía como rival al Real Madrid y el partido se saldó con un 3-0 favorable al club blanco, muy superior y con mayor experiencia en la máxima competición continental. Haber llegado a la final ya era todo un logro para el Valencia. Sin embargo, la segunda final ‘era otra historia’. El equipo ya había adquirido esa pizca de experiencia necesaria y estaba mucho más preparado para competir de tú a tú en una final que el año anterior. El rival era el todopoderoso Bayern de Múnich. El encuentro terminó con empate a 1, a pesar de que el Valencia se adelantó en el marcador y Cañizares detuvo un penalti durante el tiempo reglamentario. Más tarde, el Bayern se coronaría campeón por la mínima en la tanda de penaltis.

Otro ejemplo de este popurrí de sentimientos que surge cuando se mezclan la decepción y el orgullo lo encontramos en el Villarreal, de Manuel Pellegrini. El club amarillo, perteneciente a una ciudad con poco más de 50000 habitantes, estuvo a punto de hacer historia varias veces en su época dorada, hace ya más de un lustro. En 2004, con Francisco García al mando del equipo sustituyendo al recién despedido Benito Floro, perdió las semifinales de la antigua Copa de la Uefa frente a su vecino y rival, el Valencia. No obstante, esto solo era el principio de una ‘casi gran era’. Ya con Pellegrini en el banquillo, el Submarino amarillo alcanzó el tercer puesto en la Liga 04/05. La temporada siguiente llegaría a las semifinales de la Champions tras vencer a equipos históricos como el Inter de Milán en cuartos, siendo derrotado por el Arsenal. Si ya es bastante cruel quedarse a las puertas de una final europea, más lo es si se falla un penalti en los últimos minutos que podría haber forzado la prórroga. Riquelme era el encargado de transformar la pena máxima pero Lehmann detuvo el lanzamiento desde los once metros. En 2008, el conjunto de La Plana consiguió una clasificación histórica en Liga quedando subcampeón, dejando al Barcelona tercero y a diez puntos del Submarino. Este gran Villarreal, inexplicablemente, no consiguió ganar ningún título, a excepción de la ya desaparecida Intertoto, que estaba considerada como un trofeo menor.

Esa misma temporada, la 07/08, surgió el ‘Eurogeta’. El conjunto madrileño no consiguió el ascenso a Primera división hasta el año 2005, de la mano de Quique Sánchez Flores y con jugadores de nivel como Albiol, Pernía, Gabi o Craioveanu. En 2007, debutó en la Copa de la Uefa. Sorprendentemente, el equipo azulón llegó a cuartos de final. Y más sorprendentemente aun si cabe, consiguió un empate a 1 frente al Bayern en el Allianz Arena de Múnich. Este resultado lo clasificaba momentáneamente para las semis. En el partido de vuelta, el Getafe se quedó con un hombre menos sobre el campo tras la expulsión de De la Red en el minuto 5. Solo quedaba ‘tirar de épica’ para sacar adelante la eliminatoria. El Getafe se adelantó, pero el Bayern empató la contienda en el 89’. En la prórroga, los locales llegaron a poner el 3-1 en el marcador y los alemanes empataron el partido en el 120’, lo que les daba la clasificación sin tiempo de reacción para el Getafe. Ese mismo año, los de Laudrup también se metieron en la final de la Copa del Rey, donde el Valencia les doblegó por 3-1 y los azulones se fueron de vacío tras el enorme esfuerzo de toda la temporada.

Una situación similar fue la del Athletic de Bilbao de Bielsa en 2012, que llegó a dos finales en una misma temporada y no pudo ganar en ninguna de ellas. La final de Copa del Rey, la perdió contra el Barcelona, y la de Europa League, frente al Atlético de Madrid. Ambas por idéntico resultado: 3-0. Quizás, con derrotas tan abultadas, el hecho de no conquistar ningún título, tras demostrar semejante nivel futbolístico durante dicha campaña, parece menos doloroso. El caso es que ‘El Loco Bielsa’ disponía de una plantilla muy corta, en la que prácticamente siempre actuaban como titulares los mismos hombres en las tres competiciones, que se hicieron muy largas para el Athletic, que fue a contracorriente en muchos tramos de la temporada pero que, sin embargo, consiguió ser finalista por partida doble.

El ejemplo más reciente es el del Atlético de Madrid de Simeone. Todos los colchoneros todavía sueñan con el gol de Sergio Ramos en el minuto 93. Por otra parte, este equipo ha conseguido un título de Liga y varios de Europa League, por lo que para nada se marchará de vacío cuando termine la era del ‘Cholo’. Lo desgarrador de la final de Lisboa fue la manera en la que se perdió esa hipotética primera Champions. Y el rival, no olvidemos de que se trataba del Real Madrid. Gabi, el capitán, ya se imaginaba la textura metálica y fría de la ‘orejona’ en sus manos cuando en el tiempo añadido llegó el gol merengue. El conjunto rojiblanco se vio mermado por el gran despliegue físico que había ejecutado durante los 90 minutos y en la prórroga solo existió un equipo: el eterno rival.

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