La dificultad del Sevilla para aceptar su responsabilidad

Una vez más, el Sevilla pierde el tren en un momento clave. En ese momento en que debería dar un golpe sobre la mesa, con todos los astros alineados a su favor, el equipo de Emery no aprovecha la ocasión de alzar la voz sobre sus competidores. La situación era la idónea para el Sevilla, que de ganar, se hubiera colocado con los mismos puntos que el tercer clasificado, el Atlético de Madrid.

Partido en casa, ante un rival incómodo, pero de inferior nivel al Sevilla. El viento soplaba a favor y permitía poner un broche de oro al 2014, consiguiendo la victoria en el último partido de la temporada. A ello se unía que el Atlético de Madrid perdería su partido contra el Villarreal de Marcelino, el FC Barcelona se había dejado dos puntos en su visita al Coliseum y el Valencia había conseguido sumar los tres puntos en su partido ante el Rayo Vallecano. Todo estaba servido en bandeja de plata para que, ganando al Eibar, el Sevilla acabara el año en cuarta posición, con los mismos puntos que el tercero y a cinco puntos del conjunto Che, su inmediato perseguidor.

Pero una vez más, y ya son varias, el Sevilla dejó pasar una ocasión de oro. El equipo armero le puso las cosas muy difíciles a los nervionenses. A pesar de haber creado multitud de ocasiones y haber alcanzado al área del Eibar en más de treinta llegadas, los sevillistas no fueron capaces de perforar la meta azulgrana, disponiendo de ocasiones de todos los colores. Incluso Mbia consiguió anotar un gol, que fue anulado por el colegiado del encuentro al estimar que Bacca se encontraba en fuera de juego posicional.

Este “quiero y no puedo” escenificado es bastante familiar para los aficionados hispalenses. A pesar del título conseguido el año pasado y del espíritu ganador que Unai Emery ha inculcado a este vestuario, en esta temporada se repiten situaciones similares a la ocurrida en esta jornada. El equipo lo tiene todo de cara, pero falla cuando debe dar el do de pecho.  Ocurrió así en la jornada 6, cuando el Sevilla se enfrentaba al Atlético de Madrid. Tenía la posibilidad de colocarse colíder junto con el Barcelona y aumentar la diferencia con respecto a sus rivales directos, Atlético de Madrid y Valencia, pero no pudo ser.  Unai Emery planteó un sistema de juego con cinco defensas y el equipo sucumbió con un contundente 4-0. Más recientemente, en la visita al Camp Nou, el Sevilla no pudo ser más que un mero espectador del récord de Messi como máximo anotador de la historia de la Liga. En esta ocasión, el equipo no disparó una sola vez a puerta. También ha ocurrido en la Europa League, donde el Sevilla, cuando debía sentenciar el grupo y afianzarse en la primera plaza, empató a dos goles en Rijeka, en un partido muy mediocre y ante un equipo claramente inferior. Posteriormente, ante el Feyenoord, repitieron decepción. Un partido horrible de los de Unai sirvió para que el equipo holandés ganara por 2-0 y, a la postre, se haya clasificado para dieciseisavos como primero de grupo, quitándole el puesto al equipo hispalense.

A pesar de la buena y completa plantilla que tiene el equipo, por una razón o por otra, no terminan de dar lo que se espera de ellos en situaciones decisivas, las que diferencian a un equipo campeón, de simplemente un buen equipo. Esa diferencia que hace que un equipo gane cuando tiene que ganar y no defraude ante la responsabilidad de ejercer como lo que es, un equipo campeón. Unai Emery, por tanto, debe reencontrar el camino no sólo para vencer, sino para convencer.

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