Juan Román Riquelme: el último mago

Magia. Quizá sea la palabra que mejor defina el misterio y la pureza que supone la imagen de Juan Román Riquelme. Temperamento, desmedida incredulidad frente a la superioridad del contrario. Te llames Ronaldo, Ronaldinho o Rilvado, da igual; él se llama Román. Y no hay más. Hoy se retira del fútbol en activo uno de los jugadores que más sinergias han causado entre afición, pasión y fútbol; un jugador capaz de convertir un pueblo en uno de los cuatros puntos cardinales del balompié europeo en el año 2006.

Manipulador de la realidad, como Fred Kaps; precursor de grandes ilusiones, como Howard Thurston; la bandera del mentalismo, como Ted Annemann. En un país, donde la magia es ortodoxa y el resultado de la conjugación del verbo sentir. El Matador, en el 78. Don Mario Alberto Kempes fue quien decidió pintar de plata la historia del cuero blanquinegro, quien entabló el primer contacto con los asistentes del simposio del Parnaso futbolístico. Después, como un ente cósmico, quizá un barrilete, descendió uno de ellos. Diego. Diego Armando Maradona, para hacerles creer en los sueños.

Profeta en su tierra, en el mismo piso. Argentinos Juniors. De la mina futbolística del barrio de La Paternal salieron diamantes, pura brillantez como en las obras de Michael John Moorcock. Su carisma brillaba por su carácter introvertido, por esos ojos caídos que suponían el último pase o las manos tras la orejas a modo de celebración irreverente. “A Román lo quiero mucho. Según cómo se levante, te saluda o pasa de largo y se sienta a tomar mate solo en el vestuario. A los cinco minutos viene y se pone a hablar con vos. Es un tipo ‘Sui Generis’, hay que saber tratarlo porque es especial”, decía ‘El Coco’ Basile.

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800.000 dólares, uno a uno le llevaron a La Bombonera, al templo del amor al arte. Maradona definía jugar allí, cuando les visitaba su archienemigo de River Plate, como “dormir con Julia Roberts”. Allí los jugadores no sienten la necesidad de emigrar, y si la experimentan, es con la condición de volver. Bilardo fue quien puso su nombre sobre la mesa, quien apostó por un chaval joven de Juniors que no sonreía, pero sí disfrutaba.

Año 2000, Estadio Nacional de Tokio. Frente al Real Madrid del hereje Luis Figo, Riquelme detuvo el tiempo, respiró hondo mientras los defensores blancos se quedaban inmóviles, y asistió a su amigo Martín Palermo para derrotar a los del marqués de Del Bosque. Tal vez por ese motivo, brillar ante el traidor luso, supuso su fichaje por el Fútbol Club Barcelona. En tierras catalanas pronto se toparía ante el ‘positifismo’ de Louis Van Gaal. “Me decía que era desordenado, a él no le importaba los pases que daba. Después la cosa se complicó y me sacó. No era el Barcelona de hoy, ojalá hubiera jugado así. Pero él fue honesto, y cuando la gente me dice las cosas en la cara me parece bien”, afirmó Riquelme sobre el técnico holandés.

La magia de Román volvió, pero no en Barcelona, sino entre Castellón y Burriana. En Villareal, de la mano del proyecto Fernando Roig, hermano de Juan Roig y Paco Roig, conocidos en la zona mediterránea. Los ‘groguets’ no concebían la idea de tener un mero de entrenador, y por ello, contrataron a un ingeniero de caminos. A Manuel Pellegrini. El chileno confeccionó un sistema con Riquelme como eje vertical, como timonel de un barco que surcó los mares europeos más temidos y peligrosos.

Y allí es donde se entiende, en mayor medida, su prestidigitación multifuncional. 26 de abril de 2006, semifinales de la Champions League, hasta allí habían llevado Riquelme y sus compañeros al Villareal, un equipo que volvió a Primera División siete años antes. Pero Jens Lehmann descubrió el truco, desveló la magia que utilizaba Román y le detuvo el penalti que hubiese llevado al conjunto castellonense a París. Quizá por ello, Juan Riquelme sea “el último 10”; por ello, esté más cerca de Maradona de lo que parezca. Porque la diferencia entre la técnica y la magia no es sino una variable histórica.

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David Maroto: Periodismo como forma de vida. Vivir para contarlo. Opinión en @PlusFutbol. NBA y VCF, mis pasiones febriles. Antes en: @blogdebasket, @locosvcf y @la_informacion

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