Sergio González: un perico que volvió al nido

Ayer el RCD Espanyol consiguió el pase para las semifinales de la Copa del Rey tras eliminar a un correoso Sevilla que, en ningún momento, dio la eliminatoria por perdida. Y, por si fuera poco, en la ronda anterior ya habían eliminado al Valencia de Nuno con remontada incluida tras perder por la mínima en Mestalla. Ahora, nos encontramos en la tesitura de que este Espanyol ha dejado fuera de la Copa al cuarto y al quinto clasificados de La Liga en una competición en la que ambos conjuntos habían depositado muchas ilusiones y esperanzas después de haber evitado a los tres grandes clubes de España en el sorteo hasta la final.

Pero esto no es una crónica del partido de ayer ni un reportaje sobre la temporada de la entidad perica. En este artículo pretendo ensalzar, o al menos reconocer, la figura de Sergio González, el técnico del conjunto barcelonés que, sin duda, ha conseguido que su equipo vaya de menos a más. Y es que los inicios no fueron fáciles; y junto a sus jugadores, solo consiguió sumar dos puntos en las cuatro primeras jornadas de liga. Aun así, parecía que Sergio estaba implantando un estilo propio que los jugadores todavía estaban asimilando y el equipo tenía la intención de jugar de manera atractiva pero sencilla, sin florituras.

Cuando se anunció su fichaje como director técnico, se trataba de una apuesta arriesgada por su inexperiencia, pero era un hombre de la casa. Ya había militado en el club catalán como futbolista durante seis temporadas entre el filial y el primer equipo antes de marcharse al Deportivo y, posteriormente, al Levante, donde se retiraría del fútbol profesional. Como entrenador, ha empezado su carrera siguiendo sus propios pasos: en la tarea de segundo entrenador del Espanyol ‘B’, volviendo como primero tras una interrupción para ejercer como segundo de Gerard López en la Selección de Cataluña. Ahora afronta el reto de entrenar en Primera División, y no se le da nada mal.

Con solo 40 años, es el entrenador más joven de la Liga BBVA, por encima de Gaizka Garitano (Éibar) o Nuno (Valencia), pero ya supera a muchos en madurez táctica. Conoce muy bien a sus jugadores y sabe cómo debe gestionarlos. Un claro ejemplo es la punta del ataque perico. Que juega Stuani, marca gol, si juega Sergio García, también lo hace. Y, como hemos visto en el último mes, Caicedo no se queda atrás cuando aparece. En la portería goza de la seguridad del internacional español Kiko Casilla, pero se ha plantado en semifinales de la Copa sin haberlo puesto en el campo ni un solo minuto, dándole un voto de confianza al jovencísimo Pau.

Sergio, más que un entrenador, es un gestor, un director de orquesta, un profesor que aconseja y da lecciones, un psicólogo, alguien que empatiza, un amigo (casi de la misma generación que algunos de sus jugadores). Pero, sobre todo, es una persona activa y constante en su labor; los números le avalan y los resultados empezaron a llegar siendo fiel a sus ideas cuando no terminaban de hacerlo.

Quizás, esta comparación puede llegar a ser, más que un símil una hipérbole, pero a mí la trayectoria de Sergio me recuerda a la de Guardiola. Pep jugó en el Barça, no se retiró allí, y volvió para entrenar en las categorías inferiores hasta llegar al primer equipo, donde tuvo un inicio dudoso perdiendo contra el Numancia. Ahora, comparen estos datos con los de Sergio y el Espanyol. Encajan, ¿verdad? Más tarde, Pep terminó siendo el mejor entrenador de la historia del Barça…

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