Ocho años de esclavitud

Como en aquella excelsa película galardonada con varios Óscar protagonizada por Brad Pitt y Chiwetel Ejiofor. Un hombre libre de raza negra era secuestrado y vendido como esclavo hasta que tras 12 años de esclavitud era liberado y por fin conseguía la ansiada libertad. Siete años lleva la afición del Valencia en la ‘esclavitud’ de una larga travesía sin celebrar un título, de un peso que cada año crece y quita la esperanza del siguiente. Aquella Copa Del Rey del 2008 de grato recuerdo es el último anhelo de la gloria rozada por la afición ‘ché’, que se quedó con las ganas de celebrarlo en Valencia, inexplicablemente, a merced de la situación que vivía el equipo en Liga, rozando el descenso a Segunda División.

Madrid. 16 de abril de 2008. Una mañana agradable y despejada de primavera sobre el cielo grisáceo habitual de la capital. Un niño de 12 años acaba de llegar a un parque tras haber abandonado el coche después de 350 largos kilómetros. Se asombra ante la marabunta de aficionados teñidos por el color naranja predominante, acompañado de blanco, azul y rojo. Está en la zona de aficionados valencianistas, horas antes de acudir al Vicente Calderón a presenciar la final de la Copa ante le Getafe. Atónito, observaba como toda aquella gente no para de animar y cantar. Pasan las horas y aquel niño se dirige con su padre, hermano, primos y tíos hacia el estadio, junto con miles de fieles que tienen la suerte de estar allí. Jamás olvidará aquella marea naranja que cruzaba el puente sobre el Manzanares camino a la que iba a ser la consecución del séptimo título de aquella competición maltratada. Aquel niño, era yo.

Ya dentro del estadio, como unas dos horas antes, comenzaba el partido en las gradas. Bueno, en realidad sólo comenzó en media. Poco más de medio estadio ya estaba abarrotado mientras que la otra mitad se iba llenando a cuentagotas de la afición azulona, que por proximidad, apuró la llegada. Quedaba poco para el inicio y se sucedían los actos a los que no prestaba mucha atención. Yo solo quería que empezara el partido y ganara mi equipo. Se sacó de centro, yo estaba con mi padre al lado y nos mirábamos sin mediar palabra, sabiendo que la suerte estaba ‘echada’. A los 4 minutos llegaba el éxtasis con el gol de Mata, sí, ese que rozó la coronilla de Arizmendi. Recuerdo perfectamente la jugada, Baraja recibía el balón en el círculo central, tiró un pase largo suyo, tan característico, hacia un Villa escorado en banda izquierda (cuántas alegrías del ‘Guaje’ desde ahí…). El asturiano filtraba el pase al hueco para Silva, que apuraba línea de fondo y ponía un balón milimétrico para el remate de Mata, que a pesar de su estatura, la puso dentro. Vaya cuatro jugones, ¿eh?

Pero aquello no acabó ahí, al minuto 11, la zurda mágica de Arguineguín ponía otro balón más a la cabeza de Alexis para anotar de córner el 2-0. Locura en las gradas, el inicio soñado, abrazado a mi padre con casi lágrimas en los ojos tras el inicio apabullante. Pero tocaría sufrir (para variar), Granero anotaría para el Getafe de penalti antes del descanso y hasta el minuto 84, cuando Morientes anotó de cabeza en plancha el definitivo 3-1, no hubo tranquilidad. El resto de la historia, ya la saben. Pura felicidad.

Han pasado 7 años. Todo ha cambiado. Hasta aquel chico que con 12 años fue orgulloso al día siguiente a clase presumiendo de haber estado allí el día anterior y contando todo a los amigos. Y ya son 7 años, largos y duros, en los que el Valencia ha jugado 3 semifinales (2 de Europa League y una de Copa) y no ha podido alcanzar de nuevo otra final. El nuevo proyecto ilusiona y la afición está deseosa de poder colocar otro título en las vitrinas, de vibrar, de no dejar suelo visible en la ciudad de Valencia de la aglomeración que se montaría. Confiemos en el proyecto, confiemos en el futuro que está por llegar.

El Valencia me regaló un título a 3 días de mi cumpleaños, creo que jamás hubo regalo mejor.

Deja un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *