La tiranía del tiempo

No se detiene, nunca para. Nadie escapa de él. Caminante sigiloso y paciente depredador. Todo y todos acabamos sucumbiendo a la crueldad y la tiranía del tiempo, que puede ensalzarnos y llevarnos a la gloria mientras, sin saberlo, empezamos una cuesta abajo inevitable hacia el olvido. El fútbol, por muy eterno que sea, no escapa a las fauces del salvaje pero sutil efecto del tiempo.

Vengo a hablaros, en especial, de una generación de futbolistas. De “mi” generación de futbolistas. Tengo solo 20 años y estoy viendo cómo todos los grandes jugadores de mi niñez sucumben al tiempo y finalizan sus carreras deportivas, castigados por la acción de nuestro mencionado y abstracto amigo. Zanetti, Shevchenko, Ronaldo, Scholes, Giggs, Beckham, Zidane, Figo, Rivaldo, Henry, Van Nistelrooy, Maldini, Riquelme, Roberto Carlos… y así hasta completar una lista casi sin final. Poco a poco, todos las grandes figuras del último lustro de los 90 y el primero de los 2000 han ido desapareciendo de los terrenos de juego. Ahora tenemos que conformarnos con verlos en partidos benéficos en lo que siempre da la sensación de ser el preámbulo de un espectáculo que no llega. Partidos que nos dejan la miel en los labios al ver destellos de lo que un día fueron.

Zidane, Ronaldo y Neymar

Zidane, Ronaldo y Neymar (vía rpp.com)

 

Ahí no acaba todo. Estrellas como Gerrard, Raúl, Xavi, Totti o Casillas afrontan sus últimos partidos, algunos ni siquiera ya con los clubes que los hicieron grandes. Gerrard abandona el Liverpool, Xavi va a hacer lo propio con el Barça, Raúl hace ya mucho que no es asiduo del Bernabéu, Totti se enfrenta a su última (o penúltima) temporada como profesional y el todopoderoso Casillas está puesto en cuestión. ¿Qué ha pasado? ¿Se acabó la generación de mi infancia?

Sí. Los dioses del fútbol que me hicieron soñar antaño ya agotan o han agotado sus últimos minutos sobre el verde. Zidane, el ídolo de mi infancia, hace ya más de 8 años que jugó su último partido, aquel fatídico último partido. Aún tengo el recuerdo de verle llorando, sobre el césped de un rendido Santiago Bernabéu, con la camiseta de Riquelme en su hombro.

Otro dios del fútbol que nos ha dejado, Riquelme. Como aficionado y socio del Villarreal que soy, he disfrutado mucho tiempo de las botas de don Juan Román dejando polvo de hadas sobre el césped de El Madrigal. Él no pudo tener una despedida del Submarino a la altura de su trayectoria en el club, pero será recordado por siempre por la afición “grogueta”.

Román

Juan Román Riquelme (vía freekickmasterusa.com)

 

Además de estos dos magos que son, seguramente, las pérdidas futbolísticas más dolorosas que he atravesado, están los artilleros, los que ponían los goles. A mí que me ha tocado vivir esta época futbolística, me da la sensación de que ha sido la etapa que ha contado con los mejores delanteros del mundo, todos a la vez. Ronaldo “O fenómeno”, Henry, Shevchenko y Van Nistelrooy han compartido espacio y tiempo en la tan larga historia del fútbol, y gracias a Dios. Seguramente hablamos de los cuatro mejores delanteros de los últimos veinte años. Solo dos de ellos (Ronaldo y Shevchenko) poseen el Balón de Oro en sus vitrinas, pero no importa, me considero un privilegiado por haber vivido una época tan bonita para los delanteros centro. Lejos de querer expresarme como un viejo, ahora no hay tan buenos delanteros como había antes.

Sheva

Andriy Shevchenko (vía goal.com)

 

Por otro lado, y saliéndome un poco de la temática (aunque no tanto), es inevitable ver cómo incluso la generación de futbolistas de mi adolescencia empieza a terminarse. Los Kaká, Villa, Torres, Sneijder, Eto’o, Ronaldinho, etc. ya no compiten al nivel que tenían hace cinco o seis años, algo lógico por otra parte. Kaká y Villa están en EE.UU, Ronaldinho juega en México, Sneijder en Turquía y Torres hace ya mucho, muchísimo, que tocó su techo.

Podría decirse que he pasado dos generaciones de futbolistas. Ahora vamos a por la tercera. Los niños de ahora disfrutarán de sus ídolos y elevarán sus estrellas al Olimpo del fútbol, donde ya residen las mías. Comprarán sus cromos y emularán sus hazañas en el recreo. A mí ya me ha pasado esa época. Aún me quedan muchos años de fútbol, igual que a toda la gente de mi edad. No obstante, nunca volveremos a vivir el fútbol desde el fanatismo y la admiración que un niño tiene por sus ídolos. Otras generaciones llegan y llegarán, pero puedo asegurar que no hay ni volverá a haber una como la mía. Esa que un día sucumbió al tiempo y de cuyos dioses solo nos queda el aroma a magia en los terrenos de juego y el eco de las hazañas que lograron años atrás.

Rubén Pinedo Rodríguez

@PinedoRodríguez

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