La más amarga de las despedidas

Después de ganar la gran final de Estambul

El pasado lunes 25 de mayo se cumplió el aniversario de uno de los momentos más emocionantes e inolvidables que el fútbol ha brindado en toda su historia. Un equipo de gladiadores se enfrentaba a un más que respetable Milán. Los “reds”, encabezados por Steve Gerrard, consiguieron la quinta. Esta es la historia del milagro de Estambul (les recomiendo lo visualicen). Un día antes, el Liverpool perdía 6-1 contra el Stoke City. Cómo no, Gerrard anotaba el gol del honor. Nuestro capitán no se merece tal desprecio.

El  25 de mayo de 2005, unos cuantos futbolistas marcaron en la agenda un día para recordar. Aún recuerdo aquel once, aún recuerdo aquel cabezazo que más de una vez le ha dado la gloria a los “scouse”, aún recuerdo aquel penalti que Xabi Alonso materializaba en un rebote. No me olvido de la cara de Dudek cuando ve el balón volar por los cielos después de un tiro a bocajarro del gran Shevchenko. También me acuerdo de Pirlo. Aquellas leyendas que fueron castigadas. Para ellas, respeto.

Primera parte, el Milán se adelantaba, Crespo anotaba por doble partida. Milán 3-0 Liverpool. Pero el destino estaba por escribirse. En la grada se oía: “You’ll never walk alone…”. El resto ya se sabe. Muchos hablan de la actuación heroica de Dudek, que lo fue, pero pocos se acuerdan del papel que Gerrard tomó en la final de entre las finales. El hombre que decidió cuando se acabó aquel partido para el equipo italiano. Él comenzó el milagro, él provocó el penalty que más tarde Alonso anotaba y él nos lo dio todo.

Aún no me entra en la cabeza el ridículo que le brindaron a su capitán en el partido de su retirada. Un equipo sin ideas, sin intensidad y que solo se vio compensado por el 8 de Anfield Road. Ya no hablo únicamente de Gerrard, hablo de diez futbolistas más que se dejaron el pellejo en aquel césped turco; Carragher, Dudek, Kuyt… ¿Qué ocurre con ellos? Como dije en otro de mis artículos, la palabra respeto es un término que no para de sonar cada vez más despacio en los cimientos del templo “red”. No obstante, los recuerdos de este día siguen honrando al escudo que estos jugadores llevan en el pecho.

Honor para un señor que consiguió llevar a lo más alto a un club que parecía haber tocado techo con el eterno Bill Shankly. Honor, Stevie. Gracias.

YNWA. JTF96.

 

 

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