Nada de chotis. Sevillanas.

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Más de dos mil personas se congregaron ayer por la tarde en el centro de Sevilla para poner en valor y defender la identidad cultural de las sevillanas, un acto sin ánimo de lucro que logró que, al unísono, se cantara y bailara por la ciudad. Daba gusto pasear por la Plaza Nueva. Los que no iban por la primera estaban ya dando los capotazos de la cuarta. El caso era que el mundo tomara conciencia de su importancia. Porque otra cosa no, pero en Sevilla nos gusta mucho lo nuestro. Y pensamos que es lo mejor. Que puede que lo sea, pero si no lo es, nosotros nos creemos que sí. Como el equipo de Nervión, que ayer realizó posiblemente uno de los mejores partidos de lo que llevamos de temporada y ya nos encargaremos nosotros de difundir que ha sido el mejor de “to la vida”.

La verdad que la cosa no empezó muy bien. Se ve que Ramos con eso de que era el día de las sevillanas, se vino arriba (y nunca mejor dicho) y de chilena metió el balón en la portería. Y claro, hizo suyo lo de que para lucirse hay que sufrir y así fue. Tras la tijera a la salida de un córner, y su consecuente caída, su hombro no lo soportó y tuvo que ser sustituido en el campo por Varane. Una lástima, con lo que le gusta a Sergio un “sevillismo”.

Y el equipo hispalense no se quedó de brazos cruzados. Pensarían que los madrileños venían a darse un paso aprovechando que mañana celebran su patrona y se pusieron a la ofensiva como si no hubiera un mañana. Sobre todo Konoplyanka, que ayudó a Inmobile a igualar el resultado y logró que Banega adelantara posteriormente el marcador para el conjunto sevillano. Pero el Sevilla ya había bailado la primera y la segunda hasta que el riojano de Llorente se hace con el balón y, con zapateado y todo, baila la tercera él solito. Un gol aprovechando el hueco que le dejó la zaga del Real Madrid, y gracias a un pase de Mariano, marcaba una clara ventaja en el marcador.

Pero los madridistas querían bailar también. James lo intentó, y aunque ya no había tiempo suficiente para la remontada, él quería también su baile, su zapateao y sus vueltas…lentas…las de la segunda. Pero no pudieron llegar hasta la cuarta. Ni tan siquiera a la tercera con el taconeo. Ellos son más de chotis, de agarrao, de estar juntitos como demostraron ayer. Pero aquí, señores, chotis no. Sevillanas.

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