Un muro contra Neville

Cuando Jaime Latre pitó el final del partido contra el FC Barcelona el sábado pasado, la gente en Mestalla celebró con júbilo el gran partido realizado por los suyos. Su Valencia compitió y aguantó las embestidas de un equipo que tiene, hoy por hoy, a los tres mejores jugadores del mundo jugando en la parte ofensiva. Y de esta manera, se veía de otra forma el estreno de Gary Neville en el banquillo, con un aura de cambio y positivismo por la imagen mostrada ante el campeón de Europa. Nada más lejos de la realidad.

El encuentro contra el Lyon se esperaba que fuera el de la reconciliación definitiva de la grada con el equipo. La noche era propicia –pese a que el Valencia no dependía de sí mismo-, pero resultó ser un contundente revés de realidad para una afición que, esta campaña, está viendo una involución clara de juego, resultados y, sobretodo, sensaciones respecto al año pasado. Neville tiene unas cuantas piedras en el camino que sortear para una tarea bastante complicada de salvar.

EQUIPO FISICA Y MORALMENTE HUNDIDO

Es la desastrosa herencia de Nuno Espírito Santo. Una pésima preparación física y unas rotaciones extrañas han propiciado que el grupo esté cogido con alfileres a la hora de poder elegir un once titular en condiciones. Nada más llegar, Neville lo pudo comprobar de primera mano en sus primeras sesiones de entrenamiento: múltiples lesionados (André, Orban, Barragán, o Feghouli) y demasiado cansancio acumulado; en el partido contra el Lyon fue testigo de la lesión de Enzo Pérez y de un desgaste terrible antes de finalizar el partido.

También pudo atisbar una clara endeblez mental en el equipo che que le hace bajar los brazos a las primeras de cambio. Nada que ver con el equipo del año pasado, que competía de tú a tú pese a que algunas veces empezara con el marcador en contra. En esta primera vuelta, los partidos realizados contra Atlético, Espanyol, Zenit o el último contra el Lyon, no han hecho más que evidenciar la depresión en la que está instaurado el grupo.

INEXPERIENCIA

Pese a que Neville siempre fue un respetado jugador en Inglaterra, sempiterno señor del lateral  derecho en Old Trafford, con centenares de partidos a sus espaldas y con una garra y profesionalidad fuera de toda duda, no tiene experiencia en los banquillos. Y evidentemente, no es una cuestión baladí. El carácter ganador del técnico británico puede ayudar al grupo, pero solo con eso no se van a conseguir las victorias; y tal y como está el equipo che, necesita resultados a corto plazo en Liga para no descolgarse de la cuarta plaza.

En los últimos entrenamientos, se ha podido observar que Neville busca la presión adelantada, con subida de los laterales de cara y ataques rápidos; pero claramente aún no se sabe a ciencia cierta cómo va a encarar los partidos y de qué forma va a afrontarlos para doblegar a sus rivales. El propio Gary reconoció que no va a cambiar de golpe el sistema puesto que puede ser perjudicial para el grupo, pero también es cierto que el Valencia no muestra ningún automatismo positivo del año pasado. De esta manera, a poco que consiga tocar con la tecla, se va a ver cierta mejoría en el juego.

TRES COMPETICIONES

Por si fuera poco, a Neville se le suma el gran reto de poder llegar lo más lejos posible en cada uno de los tres campeonatos en los que está inmerso el Valencia. Por ahora, el grupo no ha demostrado ser del todo regular a la hora de disputar dos partidos por semana. En Liga tiene que asegurar la cuarta plaza que da acceso a la previa de la Liga de Campeones; en Copa, parece ser que el partido de vuelta contra el Barakaldo será un trámite tras la victoria 1-3 en la ida; y en Europa League, puede verse hasta jugando los dieciseisavos de final contra un rebotado de la Champions –Manchester United, Bayer Leverkusen, Olimpyakos o Porto-, al ser uno de los peores terceros en la fase de grupos.

Gary tiene mucho camino por recorrer y poco margen de maniobra para reconducir la marcha del Valencia. Y mañana le toca en Ipurúa contra uno de los equipos revelación de la Liga: el Eibar de Mendilibar. Claro contraste entre dos equipos con dinámicas muy dispares.

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