1ker, ¡qué Santo-s 36!

20 de mayo del 1982: la península ibérica se preparaba con ansía para albergar su primera Copa del Mundo. “Naranjito”, el Tango España 82′ y Paolo Rossi ya perfilaban como futuros protagonistas de aquel hito. Sobre una fina línea temporal, exactamente un año atrás, en la provincia madrileña de Móstoles nacía un niño al que le aguardaba un beato destino. Su nombre, Iker Casillas Fernández.

No se sabe si santo. Si deidad. Si es humano, o simplemente, un fulano. En torno a él solo ha de existir una inequívoca certeza: Iker Casillas nació para ser un campeón.

Durante el vigésimo día de mayo un centenar de imágenes, como meras ráfagas, acudieron a la mente de quienes le veneran -y quienes no-. Porque, ¿cómo es posible no acordarse de ese tímido imberbe en aquella noche de Glasgow que, con su holgada camisola 27 y un par de los Reebok, se convertía en el héroe accidental de ‘la Novena’?

O cómo olvidar, poco más tarde, cuando paró penales irlandeses, siendo aún un chiquillo. Uno que apenas y asimilaba la geografía en la que se encontraba. Él, por su parte, solo sabía que cerca de allí, por esas mismas tierras, Richard Tex-Tex y Benji Price habían atajado. Esa noche en Suwon, Iker decidió ser como sus ídolos de la infancia. Y lo logró. Su amada España estaba en los Cuartos.

La Furia Roja no pasaría de dicha instancia. El joven Iker derramó lágrimas. Ni en su más alta faceta de inspiración, en medio de una nueva cita desde los 11 pasos frente a los locales, hubo parada alguna que pudiera romper la maldición de España y sus Cuartos. Luego de lo sucedido, nuestro susodicho se hizo una promesa: llevar a su nación a lo más alto.

Euro-Mundial-Euro, con gafete añadido en el brazo izquierdo. Con su par de los Reebok -esos que solo él usaba- orquestadores de “paradas que pensé que no se podían hacer”; citando lo que alguna vez dijo su colega Víctor del Barcelona.

Su santidad. Su calidad humana. El esfuerzo y la humildad. Todas esas virtudes lo llevaron al olimpo del deporte al que tanto le estuvo aportando. Más sin embargo, algo de ese ‘San Iker’ seguía guardado en el cajón; era otra promesa. Era, ‘la Décima’. He aquí cuando se vuelve a donde todo empezó. Remera verde, aunque ya no tan holgada. 13 años habían pasado desde su última orejona, de Glasgow. Las cosas cambiaron muchísimo.

El Santo no era más que un simple mortal. Quizá un mártir de su propia afición; de los medios y las voces que le seguían aturdiendo tras ese oscuro episodio con The Special One. Fueron días difíciles, pero allí estaba Iker: de vuelta, en una nueva Final de Champions. Gracias a un italiano, de perenne goma de mascar en boca -así como Sir. Alex- y ceja izquierda levantada, nuestro héroe madridista llegó a Lisboa. Sí, con su gafete de capitán y un par de la talla 12 ajustados, dispuestos a la levantar nada menos que la Décima en la historia del Real Madrid. “Y como sabía que era imposible, lo hizo”.

Todo en Madrid parecía haber vuelto a la normalidad. Todo, excepto Iker. Internacionalmente Casillas y España fueron la mofa del Mundo en Brasil, quedándose apenas en Fase de Grupos siendo los vigentes campeones. Ni haber levantado la Décima de Europa un mes antes en Lisboa pudo sobreponerse al daño acarreado desde la infortunada fractura de su mano izquierda que le arrebató su confianza; su jubilación. Aquella divinidad que únicamente él poseyó bajo los tres maderos.

En ese propio Brasil, el Real Madrid -fiel a sus irrefutables ideales- se enamoró de un costarricense; uno que lucía como el relevo perfecto e inmediato, previa amputación de quien ya no era una garantía. Luego de 25 años besando a la Diosa Cibeles, Iker Casillas diría adiós. Un durísimo adiós. Tan impensado, como inexorable. El 12 de julio de 2015 las lágrimas y el llanto eran incontenibles para el nuevo mortal.

Tras una hermosa carta de despedida, fotos con infinidad de trofeos junto a un Bernabéu vacío, -donde solo sus verdaderos apóstoles le aplaudían- Iker tomó rumbo a Portugal. Ya en Porto, la búsqueda era un nuevo amanecer para su carrera. Pero la corazonada del no-retiro tampoco bastó para sacudirse una historia de amor que había nacido cuando tenía escasos 9 años. Inquebrantablemente, el alma y el corazón del hombre que representaba al más puro madridismo seguía allí, en Madrid.

Luego de una regular primera campaña con los Dragones, cargada de goles y algunas pifias en el saco, Casillas continuó trabajando con firmeza para recuperar el nivel futbolístico que hacía rato había extraviado. No obstante, como buen hombre récord, culminó la campaña 2016 sumando 167 internacionalidades vistiendo la casaca española, donde, aún en su peor faceta, logró algo inédito en el fútbol mundial: ganar y mantener el arco en cero durante 100 de esos 167 juegos.

20 de mayo de 2017: Iker Casillas celebra su cumpleaños con la confianza de aquel saltarín lampiño de remera holgada. Tal y como aquel que puso el botín derecho para ganar la Copa del Mundo. Todos esos momentos, esas sensaciones, han vuelto a reverdecer en el español.

Pese a no haber alcanzado ningún título con el Porto, el hijo predilecto de Móstoles selló una excelsa campaña que bien rememora su pasado merengue. Esas célebres atajadas imposibles volvieron a llegar en los escenarios más importantes. Únicamente en 23 partidos recibiría castigo, de los 43 que jugó. También en 23 de ellos fue un auténtico cerrojo. Su único galardón este año fue convertirse en nada menos que el jugador con más actuaciones en la UEFA Champions League, superando por 1 los 175 que poseía el gran Paolo Maldini.

La divinidad del Santo ha vuelto. La crispación vivida en sus últimos años en Madrid ha quedado sepultada. Él ahora está feliz, reeditando con cada parada una magnífica carrera como futbolista del Real Madrid y España.

Cuánta nostalgia. Cuánta felicidad hay en SanIKer ahora. Porto, con sus bellos paisajes, es la nueva ciudad predilecta de él y sus hijos. Cuánta deidad derrocha otra vez 1ker. Cuánta seguridad. El retiro está lejos. Más que nunca. Por ahora, solo queda ponerse el par de la talla 12. Y parar. Parar, para seguir siendo ese humano ejemplar. Ese sinónimo de humildad. Ese, el mejor ser humano que no he conocido. Ese que está siempre predestinado a ser un Campeón; un Santo. 1Ker, ¡Qué Santo-s 36!

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