Desastre

Desastre. Quizá sea la palabra que mejor describa la situación del Villarreal CF tras el encuentro en el Ciutat de Valencia a nivel deportivo, aunque sean otras muchas -casi ninguna positiva- las que le pasen ahora mismo por la cabeza al aficionado groguet. El conjunto amarillo firmó en este comienzo de La Liga 2017/18 uno de los peores encuentros desde que el club regresara al fútbol de élite. Falto de actitud, de intensidad, de profundidad, de rigor y otras tantas cosas que no caben entre en las siguientes líneas. El Villarreal CF de ayer resucitó al espíritu que acompañó al club en la campaña 2011/12, aquella en la que el cuadro amarillo descendió. Una temporada donde escaseó la personalidad, la alegría en el juego y todos los sustantivos anteriormente nombrados. Se achaca toda la responsabilidad al técnico, quien no escapa de la culpa, pero no es el único. Con sinceridad, era de esperar un inicio revoltoso visto los resultados y análisis de los encuentros de pretemporada, pero el partido frente a la UD Levante supone la gota que colma el vaso y pone en marcha todas las alarmas.

Decía que Escribá no es el único responsable y es cierto. Él es quien dirige, pero son entre once y catorce jugadores los que terminan dando la cara por el equipo en el terreno de juego. Unos jugadores -que sí- que están sujetos a un estilo de juego predeterminado por el técnico, pero que disfrutan de una calidad en sus botas que muchos de la competición la quisieran. Después seguimos con ellos. Ahora Escribá que, por cierto, fue Trending Topic a nivel nacional con un haghstag que pedía su salida: #EscribáVeteYa. El valenciano ha intentado reconducir el estilo directo del equipo a uno propio. Es lícito que así lo haga, es su equipo y debe morir con sus ideas si cree en ellas. Pero, lo cierto es que desde su llegada cada movimiento que ha ejecutado a favor de ese cambio ha dañado a la identidad del juego amarillo. Ahora, nada queda del legado de Marcelino, ni siquiera la fortaleza defensiva que tanto caracterizaba a este equipo. Escribá no ha sabido maniobrar el submarino hacia el carril adecuado, ha seguido apostando por sus ideales y ahora -habiendo trabajado desde pretemporada con el equipo- pueden apreciarse los resultados. El conjunto juega lento, sin intensidad y movilidad, lo que favorece el repliegue del equipo rival. Además, a sus jugadores les cuesta cada vez más cerrar con velocidad, lo que supone sufrir más atrás. Mala planificación física. Aunque, uno de los detonantes del encuentro de anoche fue la sustitución de Bacca, el único efectivo con capacidad de gol en el campo, por N’Diaye, un jugador de perfil más defensivo. Este movimiento del entrenador no gustó a la afición desplazada al Ciutat de València que vio como su técnico abandonaba las aspiraciones por ganar el partido y luchaba por mantener el empate. Una situación que ya se repitió en muchas ocasiones la temporada pasada sin el beneplácito de la afición. Es cierto que el entrenador se ganó la renovación por sus resultados, pero ahora -con esta dinámica- parece tener los días contados.

Fran Escribá en una rueda de prensa en la Ciudad Deportiva | Vía: villarrealcf.es

Si colocamos al técnico en el paredón, del mismo modo podríamos hacer con los futbolistas que disputaron el encuentro en la noche de ayer. Y también los que no estaban por lesión o sanción. En pretemporada ya se vieron indicios de un equipo sin alma, sin la frescura necesaria para afrontar y sacar adelante encuentros contra rivales de primer nivel. El fútbol es fútbol y gana quien más ambición y esfuerzo pone en ello, aunque cierta dosis de calidad siempre es importante. En el Villarreal la calidad está, pero ella sola no gana partidos. Por eso, aunque sea Escribá quien pone las pautas del juego del equipo, son los jugadores quien deben rendir a un nivel óptimo del fútbol de élite. No olvidemos que son profesionales, no deberían necesitar constantemente la figura del Marcelino de turno ‘comiéndoles la oreja’ a cada instante. En el fútbol o corres o pierdes. 

Ayer no valía la excusa de las lesiones ni sanciones, el equipo debía sumar. A pesar de la necesidad de puntos contra equipos que supuestamente estarán en la mitad inferior de la tabla, parecía que los intereses fueran al contrario. La UD Levante corrió mucho más que el rival y anuló a los jugadores del Villarreal CF pese a su inferioridad en calidad. Durante el partido el equipo ni siquiera puso a prueba al guardameta granota, lo que describe buena parte del encuentro. Enes Unal no dio pie con bola, y de forma literal. El jugador, más que perdido por el campo, no consiguió combinar con ninguno de sus compañeros durante el partido, ni siquiera ganó un balón aéreo. Todavía muy verde para este Villarreal CF. A su lado Bacca, que dispuso de un par de ocasiones que fueron las más peligrosas a favor del equipo. Sus compañeros tampoco le pasaron en balón para que este pudiese demostrar su calidad. Los pases eran mayoritariamente en horizontal, sin apenas profundidad. Trigueros y Rodri no estuvieron nada acertados. Mucho menos Sansone y Fornals. El primero tuvo la oportunidad de poner en valor su precio -y en su posición natural-, pero lo cierto es que desde mitad de la temporada pasada poco bueno se ha visto del ítalo-germano. El segundo, Fornals, se olvidó de abrir la banda y apenas apoyó a su compañero Rukavina que tuvo problemas de superioridad durante todo el partido. Este es un trabajo que hacía muy bien Jonathan y que es labor de Fornals asumirlo si quiere sumar minutos con la elástica amarilla en el futuro.

Carlos Bacca en su debut con el Villarreal CF en el Ciutat de València | Vía: villarrealcf.es

La directiva del Villarreal CF tiene una compleja situación sobre la mesa. Es inviable ver a un técnico destituido en la jornada uno, no nos engañemos. También es cierto que lo mismo que el aficionado ve de su equipo en el terreno de juego también lo ve el máximo directivo. Ahora, el equipo ya trabaja en su próximo objetivo: La Real Sociedad.

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